Reloj

sábado, 12 de noviembre de 2011

PUROS HUESOS Y DOMITILA


PUROS HUESOS Y DOMITILA

La fuerza que aquel hombre ejercía sombre ella era atroz, Domitila se sentía desfallecer, a sus cortos nueve años de edad estaba casi vencida, sus prendas interiores habían sido arrancadas a jirones por el brutal ataque, aquel individuo despiadado, gimiendo como un loco, se había lanzado sobre ella, dispuesto a lograr cosas que una niña campesina jamás pudiera imaginar. El terror se apoderó de ella, despertando su instinto de conservación, inyectando a su pequeño cuerpo la adrenalina suficiente para resistir la bestial embestida, sus gritos de auxilio parecían sin destino en aquel desolado paisaje, en que ella cada día recogía leña para su hogar.

Era un lugar de la frontera, ubicado en hermosos contrafuertes cordilleranos, al sur, en los confines de la Región de Los Lagos. Allí vivía Hortensia, mujer de campo de mediana edad, con su pequeña hija Domitila, ambas habían sido abandonadas por el padre de la niña ya asía algunos años, sobrevivían gracias a unos pocos animales vacunos y no más de una cincuentena de lanares, aquellos terrenos eran de propiedad fiscal, por lo que su destino allí era incierto.


Domitila cada día asistía a un pequeño colegio fronterizo, cuyo único profesor, cubría la enseñanza de todos los alumnos de los cursos básicos, generalmente iba y venía juntándose en el camino, con otros niños vecinos de aquel sector.

Por las tardes Domitila ayudaba a su madre en las tareas propias del hogar, recogía leña en un bosque próximo y por las tardes recorría aquellos campos, a fin de guardar las ovejas en un galpón, para protegerlas de los depredadores nocturnos, rutina que cada día la pequeña estaba acostumbrada a realizar.


Un día, sin embargo, cuando caminaba por el sendero que llevaba al pueblo, descubrió a la orilla del camino un bulto raro, de un color gris oscuro, al observarlo con detención, le pareció un atado de huesos envuelto en algo, movió con el pie aquel cuerpo extraño, intrigada se inclino y luego al despejar las ramas y hojas que parcialmente lo cubrían, observó con asombro que se movía, era algo vivo, se apresuró a salir de dudas y halló que era un perro de tamaño mediano, un animal muriendo de hambre y sed, su pequeño corazón se conmovió ante aquel ser inerte, que de seguir allí, su fin estaba asegurado.

Con el temor de que su madre la regañara, a causa de su descubrimiento, Domitila, cuidadosamente y a escondidas llevó el animal hasta el altillo del galpón, allí secretamente cada día cuidó de él con esmero, llevándole agua y comida. De esta manera consiguió que aquel perro casi muerto, se transformará en un hermoso y fiel compañero, con el que salía cada tarde en sus idas y venidas por el campo. La niña bautizó a su perro “PUROS HUESOS”, tal vez en memoria de cómo fue que lo encontró.

“Puros huesos”, vivía su vida feliz con su pequeña ama, cada vez que salía con ella, corría de aquí para allá, se iba detrás de cuanto bicho había en esos lugares y por momentos desaparecía para volver aparecer en cualquier minuto y lo hacía ladrando alegremente.

Así fue como aquel hombre desalmado sintió sobre su espalda, que una enorme bestia se le había echado encima, a los gritos de auxilio de Domitila, “Puros Huesos” apareció de entre los arbustos y follaje que allí había y como una poderosa tromba, asió aquel maldito por el cuello y con una ferocidad asombrosa, en unos minutos, dentellada tras dentellada, le dejó fuera de acción, sangrando profusamente, por las mordeduras y medio muerto por lo inesperado del ataque.

Lo extraño de este relato es que Hortensia, la madre de Domitila, nunca supo de esta historia y la niña tampoco contó a su madre este hecho, pese que aquel individuo era muy conocido en el pueblo, ni menos llamó la atención de la señora, que aquel extraordinario animal anduviera siempre cerca de su hija.


ULISES IBAKATXE

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